Discípulo: Interrupciones Sagradas

Por el obispo Sam Rodman

Lo que sigue es una adaptación de un sermón predicado en la iglesia St. Matthias’ y la iglesia St. Paul's de Louisburg el 15 de febrero de 2026.

La historia de la Transfiguración tiene todos los elementos de un gran drama, incluidos los efectos especiales. Jesús se encuentra en una montaña rezando. Cabe señalar que esto no tiene nada de inusual. Jesús se retira a rezar habitualmente. Pero esta vez invita a Pedro, Santiago y Juan a acompañarlo. Y entonces las cosas comienzan a ponerse interesantes.

Las vestiduras de Jesús se vuelven blancas como un relámpago, y Moisés y Elías aparecen en la montaña. Los tres entablan una conversación. Pedro comienza a hablar sin realmente saber lo que dice y sugiere una manera de conmemorar este acontecimiento construyendo tres viviendas. Pedro intenta capturar un momento que en realidad no se puede capturar. (Si Pedro estuviera vivo y esto sucediera hoy, probablemente habría pedido sacarse una selfie con Jesús, Moisés y Elías).

Pero mi parte favorita de la historia es que mientras Pedro habla, unas nubes descienden, se oye un trueno y los discípulos escuchan una voz que dice: "Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él; escúchenlo". Lo siguiente que saben los discípulos es que Moisés y Elías se han ido, y que otra vez están solos con Jesús. Y él les encarga que no digan nada a nadie sobre lo sucedido hasta que él haya resucitado de entre los muertos.

El momento en que desciende la nube y habla la voz es lo que me gusta llamar una "interrupción sagrada".

Sabemos algo sobre las interrupciones sagradas. Todos las tenemos. Son esos momentos de la vida en los que ocurre algo inesperado que irrumpe en nuestra rutina diaria, en nuestros planes, e incluso en el curso de una conversación. Y resulta que esa interrupción es, en realidad, un regalo o una señal, o lo que más tarde podríamos reconocer como una "intervención divina".

 

Inconvenientes o interrupciones

Mientras caminaba por mi vecindario en Raleigh una tarde, me encontré con una camioneta en la intersección de una calle lateral. Estaba parada en medio de la calle y parecía que no había nadie en el asiento del conductor. Al pasar junto a la parte de adelante de la camioneta, vi al conductor agachado, inspeccionando la llanta delantera derecha. "¿Se le pinchó la llanta?", le pregunté. Me hizo señas para que me acercara y, al hacerlo, se puso de pie y vi que toda la rueda se había separado del eje y que la camioneta, de hecho, descansaba sobre la propia punta de eje.

"¿Qué pasó? ¿Chocó contra algo?", le pregunté.

Él negó con la cabeza: "No, mientras bajaba la velocidad para parar en este cruce, la rueda simplemente se salió". Continuó diciendo: "¡Gracias a Dios que esto pasó aquí! Iba para Charlotte. ¿Se imagina si esto hubiera ocurrido en la I-40, a 110 km/h?". Ambos negamos con la cabeza.

Coincidimos en que esta avería imprevista podría haber sido mucho peor, incluso mortal. Un inconveniente inesperado se convirtió en una interrupción sagrada. Quizás incluso en una intervención divina.

 

Transfiguración, resurrección y transformación

Una de las formas de leer la Biblia es prestar atención a la palabra o frase que capta nuestra atención o incluso nos para en seco. Se siente como una interrupción de la Escritura, en la que el Espíritu Santo parece hablarnos directamente al corazón. Cuando eso ocurra, medite en esa palabra o frase, y rece con ella, con intención y concentración.

Cuando yo vivía en Massachusetts, uno de mis lugares de retiro preferidos era Emery House, en West Newbery. Emery House es una finca reconvertida administrada por los hermanos de la Sociedad de San Juan Evangelista (Society of St. John the Baptist).

Hay una capilla anexa a la casa de la finca, y justo a la derecha de la puerta de la capilla hay un ícono de la Transfiguración que cuelga sobre la pila que contiene el agua para santiguarse al entrar. Recuerdo haber dicho siempre una oración en silencio al entrar, para que, durante el oficio religioso, fuéramos transformados por nuestras oraciones en ese espacio sagrado.

Una vez noté que había una palabra griega escrita en el ícono. La palabra era metamorpho, de la cual deriva la palabra metamorfosis, término que significa cambio drástico. Cada vez que entraba a la capilla después de eso, buscaba la palabra metamorpho escrita en el ícono.

La historia de la transfiguración de Jesús apunta al poder de Dios para obrar cambios trascendentales: en Jesús, en nosotros, en la iglesia y en el mundo. Para algunos, la Transfiguración es un presagio de la resurrección de Jesús.

En el contexto de la versión de Mateo, se percibe que esta historia está íntimamente relacionada con la resurrección de Jesús, ya que a Pedro, Santiago y Juan se les encarga que no le cuenten a nadie lo que han visto hasta que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos. La resurrección podría ser, simplemente, la transfiguración definitiva.

Pero, ¿qué significa eso para nosotros aquí y ahora? La transfiguración y la resurrección se relacionan con lo que llamamos transformación. Y la transformación es el núcleo de nuestro camino de fe. Como discípulos que seguimos a Jesús, vamos siempre por un camino de transformación, un camino que conduce al cambio.

Por supuesto, el corolario de esto es que no nos gusta el cambio. Nosotros nos resistimos al cambio. Mientras presento esto en vísperas de la Cuaresma, el Evangelio nos recuerda que el cambio está por llegar. Toda la temporada de Cuaresma está dedicada al arrepentimiento; a la enmienda de vida; y a la oportunidad y el don de la reorientación, del cambio, de las segundas oportunidades y de la transformación. Pero nuestra naturaleza es resistirnos.

La realidad es que nuestra resistencia al cambio no nos beneficia. En la naturaleza, el cambio y la adaptación son las maneras de sobrevivir y prosperar de los seres vivos. Nosotros no somos diferentes. Estamos hechos de tal manera que, sin cambio, nos estancamos y perecemos. El cambio es, de hecho, nuestro camino hacia la vida, la salud y la plenitud.

La promesa más profunda de la Transfiguración es que, en este mar de cambios, la transformación no es solo para las personas individuales. La transformación señalada por la transfiguración de Jesús es también para las comunidades, la iglesia y el mundo, y está muy relacionada con nuestra identidad en la iglesia como el Cuerpo de Cristo. El poder que cambia la apariencia de Jesús en la Transfiguración es el mismo poder que nos transforma como iglesia en el Cuerpo de Cristo.

La transfiguración de Jesús nos muestra que estamos hechos para el cambio. Está en nuestro ADN. El llamado de Dios nos llevará a lugares a los que nunca habríamos pedido ir y a los que nunca habríamos imaginado que podríamos ser llamados. Esto es un regalo. Se nos invita a acogerlo, libre y plenamente, tal como lo hizo Jesús. Tenemos que escuchar a Jesús y seguir su ejemplo.

Una de mis citas favoritas atribuidas a Mahatma Ghandi es: "Sé el cambio que deseas ver en el mundo". Sus palabras exactas fueron: "Nosotros no hacemos más que reflejar el mundo. Todas las tendencias presentes en el mundo exterior se encuentran en el mundo de nuestro cuerpo".

Las dos afirmaciones están relacionadas, aunque no son exactamente iguales. Pero ambas arrojan algo de luz sobre la historia de nuestro Evangelio del último domingo después de la Epifanía: la historia de la transfiguración de Jesús.

"No tengan miedo", dice Jesús. No le tengan miedo al cambio. El cambio es necesario. El cambio forma parte de quienes somos y de cómo estamos hechos. El cambio conduce a la transformación, y la transformación es el regalo que Jesús nos hace.

 

La transfiguración definitiva

Cuando pregunto cuál es la primera responsabilidad de un obispo, muchos dicen que es custodiar la unidad de la Iglesia. Otros dicen que es nutrir al pueblo en las riquezas de la gracia de Dios. Ambas respuestas provienen del oficio religioso de la ordenación de un obispo. Y forman parte del llamado de un obispo. Pero, históricamente hablando, la primera responsabilidad de un obispo es dar testimonio de la resurrección de Jesús.

La resurrección es la transfiguración definitiva. Es la interrupción sagrada definitiva. Es la intervención divina por excelencia.

¿Cuál será su resurrección en su congregación en los próximos meses? ¿Cómo lo transfigurará y transformará a usted la Cuaresma? ¿De qué maneras responderá a las interrupciones sagradas que se le presenten, que lo redirijan? ¿Cómo lo cambiarán? ¿Cómo lo desafiarán? ¿Cómo lo liberarán para que contribuya a que la iglesia se parezca más a Jesús?

La resurrección es el regalo que Jesús nos ha dado. Es el regalo que nos da el poder para ser el cambio que el mundo necesita, que la iglesia necesita y que todos necesitamos ver. Amén.

________________________________________________El obispo Sam Rodman es el XII obispo de la Diócesis de Carolina del Norte.